Las primeras referencias documentales de la existencia del Mas de la Font (actual Masia La Tartana) se remontan al año 1321.
En esa época, situada en la pendiente de un torrente, encontrábamos la casa de Can Solà, llamada de La Font (fuente en catalán) por la proximidad de una fuente. Posteriormente, pasó a llamarse Can Solà del Racó por su ubicación en la parte más hundida del levante del pueblo de Matadepera.
En sus orígenes, los señores directos de esas tierras eran los abades del monasterio de Sant Llorenç del Munt. Siguiendo una tradición medieval, las tierras fueron cedidas a unos campesinos de la zona.
A mediados del siglo XVIII, la propiedad ocupaba una extensión de 122 cuarteras. El terreno era muy abrupto, lo cual condicionaba la situación económica de la casa. El escaso viñedo, el olivar y una pequeña huerta sólo servían para cubrir las necesidades más elementales de la casa. El bosque era la gran riqueza de la Masia. La ganadería, escondida detrás del bosque y las tierras yermas, era otro elemento importante de la economía de Can Solà.
Si el año 1768 Can Solà tenía unas 30 hectáreas, el 1941 disponía de más de 245. En ese momento, unos granjeros se ocuparon de mantener la casa y trabajar las tierras de cultivo.
Después de haber sido abandonada, el proyecto de remodelación
de la Masia La Tartana ha querido recuperar esta antigua casa de pajes
y darle una nueva vida. Algún día se podrá escribir
la segunda parte de la historia de esta casa de origen medieval.